Semana Santa en Tilcara tiene una belleza, y una emoción, tan peculiares: pues llega acompañada por el son de los sikuris devotos de la Virgen de Nuestra Señora de Copacabana del Abra de Punta Corral y por una colorida profusión de ermitas o altares populares donde la Pachamama, la Madre Tierra, se conjuga amorosamente con la Madre de Dios. Y quizás por eso atrae a tanta gente que contempla y sigue las procesiones.
Algunas familias comienzan a preparar sus ermitas varios meses antes y en riguroso secreto, ya que esta es una tradición que los mayores trasmiten a los más jóvenes de la mejor manera posible: haciendo y compartiendo. Alguien, el más hábil quizás, dibuja una escena del Evangelio sobre un lienzo de grandes dimensiones (2.80 x 1.70m) y todos los demás se ocupan de "pintarla" con frutos de la tierra: pétalos, garbanzos, granos de café, barba de choclo, quinoa, semillas variopintas.
Cada tarde, a la hora de la siesta, se reúnen y poco a poco van creando imágenes de ingenuo encanto: por mano anónima y unánime. Cuando se acerca el Domingo de Ramos ya están casi listas.
El Lunes Santo es el gran día. Las bandas de sikuris -la mayoría formadas por hombres, aunque hay algunas integradas por mujeres y otras por niños- comienzan a llegar de todas partes. Muchas son del pueblo mismo, otras bajan de los cerros y de los caseríos más remotos.
Al compás de los sikus -y de los bombos, platillos, maracas y redobles que también las componen- se encolumnan en la puerta de la Iglesia de Tilcara para recibir la bendición. Van ingresando mientras soplan las adoraciones (una variación musical) y al llegar al el sacerdote los asperja con agua bendita. Luego se retiran sin dar la espalda al altar. Y así, entre marchas y dianas, suben al Santuario del Abra de Punta Corral, a celebrar a la Mamita de los Cerros a casi 4.000 metros de altura.
El Miércoles Santo la imagen desciende a Tilcara, a hombros de los devotos. El Viernes Santo se colocan las ermitas en las esquinas.
El sábado Santo las mujeres tilcareñas repiten el Vía Crucis portando sobre sus hombres a La Dolorosa, y el domingo se retiran las ermitas antes de que caiga el sol. Cada familia dispone de la suya: algunas vuelven a las casas y otras van al Museo, pero también hay dos en el Arzobispado de Jujuy y una en la iglesia. Al año siguiente y todos los años- serán renovadas con el mismo, compartido fervor.
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